2 de junio de 2011

The Field - Silent



















Silent es una canción instrumental de asombrosa simplicidad; es interesante seguirla pero fácil ceder a la tentación de divagar cuando se la escucha. El crítico literario británico E. M. Forster lo explica mejor en un pasaje de su ensayo "Cuando la música no se oye":

"Resulta tan complicado oír música que apenas sabe uno cómo empezar a contarlo. Antes que nada debo aclarar que yo personalmente, durante la mayor parte de los conciertos, no pongo atención; los sonidos que me gustan me hacen pensar en otras cosas. Casi todo el tiempo me lo paso soñando despierto y me sorprende que los demás no hagan lo mismo. Los críticos profesionales son capaces de oír una obra con atención tan sostenida como si estuvieran leyendo un capítulo de una novela, lo cual me parece asombroso... Pero yo no hago más que divagar: a la vuelta de uno o dos compases me pongo a pensar en cuánto me gusta la música o en algo gracioso que me haya ocurrido al hilo de una conversación; me pregunto qué pensará el compositor, muerto hace un par de siglos, mientras sigue ascendiendo temblorosa su sagrada llama, o bien cuánto tardará en apagarla una bomba atómica".

2 comentarios:

Andrés dijo...

"Estar con quien se ama y pensar en otra cosa: es de esta manera que tengo los mejores pensamientos, que invento lo mejor y más adecuado para mi trabajo. Ocurre lo mismo con el texto: produce en mí el mejor placer si llega a hacerse escuchar indirectamente, si leyéndolo me siento llevado a levantar la cabeza a menudo, a escuchar otra cosa. No estoy necesariamente cautivado por el texto de placer; puede ser un acto sutil, complejo, sostenido, casi imprevisto: movimiento brusco de la cabeza como el de un pájaro que no oye nada de lo que escuchamos, que escucha lo que nosotros no oímos."
Roland Barthes

analih dijo...

mientras disfrutes la mùsica, no es necesario analizarla