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6 de mayo de 2011

Diez discos para llevar a una isla desierta

Debería estar trabajando ahora. Tal vez por esa misma razón me dedico a una labor que había aplazado durante años: escoger los diez discos que me llevaría a una isla desierta. Lo de la isla desierta es sólo una metáfora, porque si apenas pude conseguir un bus para venir mi casa, dudo que quede un islote deshabitado en este planeta, y de haberlo me gustaría naufragar allí; debe ser tranquilo. Con los discos que siguen, por supuesto. Pero antes, unas aclaraciones previas:

1. Están ordenados alfabéticamente porque no podría establecer una jerarquía. 
2. La selección es completamente caprichosa, es decir, guiada por mi gusto. 
3. Hay omisiones dolorosas, pero si la tarea autoimpuesta es escoger sólo diez discos, esos son los diez hoy.
4. Muchos de mis artistas favoritos no están incluidos, pero sólo puedo decir: "mala suerte y los quiero mucho". 
5. Musicalizar esta entrada es imposible; en cada disco hay por lo menos tres canciones maravillosas de las que podría hablar por horas. La solución, morosa, es que en cada título del disco está un link a YouTube. 
6. Todas las canciones "linkeadas" son maravillosas, pero cada disco tiene otras tantas iguales o mejores. 

Esta es la lista:

19 de marzo de 2011

Paul Simon - Crazy Love, Vol II



















Hubo una época en la que traté de hacerme una formación completa acerca del rock; leía historias acerca del género, escuchaba sistemáticamente los discos canónicos y memorizaba los nombres de los músicos y las efemérides. Entonces trabajaba en radio así que el ejercicio tenía algo de sentido.

El tiempo me ha hecho un haragán y mi memoria no es la de antes. Gracias a dios ahora existe Wikipedia.

Fue en esa época cuando escuché Graceland, el séptimo disco como solista de Paul Simon, lanzado en 1986 y grabado en su mayor parte en Sudáfrica con músicos locales. En completa honestidad, acabo de leer esos datos de Wikipedia y posiblemente los olvidaré en unos minutos, cuando apague el computador.

No obstante, si los datos se han desvanecido de mi memoria, el recuerdo de  tantos temas excelentes de "Graceland" permanece indeleble. Es uno de los discos que me llevaría a una isla desierta. Aunque olvidara cómo amarrarme los zapatos, dudo que pierda las melodías de este disco y la serena felicidad que me produce recordarlas.

Crazy Love, Vol. II